sábado, diciembre 01, 2012

 

Chino chano, 250.000 visitas


Etiquetas:


domingo, noviembre 11, 2012

 

Los colores del otoño en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Esta anotación no tiene palabras, sino colores (fotos: Javifields, clic en cualquiera de ellas para ampliar).

Cañón de Añisclo (10 de noviembre de 2012):












Garganta de Escuaín (11 de noviembre de 2012):













Etiquetas: ,


domingo, noviembre 04, 2012

 

Otoño

Añisclo (foto: Javifields)



aprovechemos el otoño 
antes de que el futuro se congele 
y no haya sitio para la belleza 
porque el futuro se nos vuelve escarcha

(Mario Benedetti, Otoño, fragmento)

Etiquetas: , ,


lunes, octubre 29, 2012

 

El Puntón de las Brujas

Sitio con encanto, mágico, místico... o como se quiera decir. Ya hablé de él (y de la antiquísima ermita que hay en su base) en esta entrada anterior.

Ahora, únicamente una foto de una fría tarde de otoño (el sábado pasado).

El Puntón de las Brujas (foto: Javifields, clic en la foto para ampliar)

Etiquetas: ,


sábado, octubre 20, 2012

 

La misma piedra, el mismo color

La sierra Ferrera es una parte efectiva del macizo de Cotiella, formada por la frontera rota de una isla tectónica del gran manto de corrimiento de Cotiella que se desplazó y rompió desde el macizo, en el proceso de orogenia alpina. El valle que describe el río Irués, conocido como la valle de Laspuña, sufrió procesos de glaciarismo en el Pleistoceno que condicionó la forma actual que tiene, y sobre todo, la profundidad que condiciona una situación de umbría casi permanente que la hace inhabitable en gran medida.

Todo eso dice (más o menos corregido) la Wikipedia. Lo que no dice es lo que sabemos todos. Que por el extremo oeste, en los cortados de la Peña Montañesa, a la sierra Ferrera le falta un cacho. Y ese cacho está un poco más abajo, formando la torre de la iglesia de Ceresa. Pues claro.

Torre de la iglesia de Ceresa y Peña Montañesa

Etiquetas: ,


miércoles, octubre 10, 2012

 

Frases de cine: "Make Way for Tomorrow"

Sight&Sound, en su lista de las 50 mejores películas de todos los tiempos (decididas mediante votación de 846 críticos, académicos y productores de todo el mundo), actualizada en septiembre pasado, además de aupar por primera vez Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958) al primer lugar, desplazando a Citizen Kane (Orson Welles, 1941) al segundo, sitúa en el tercer lugar la magnífica Tokyo Story (Yasujirō Ozu, 1953).

Esta breve anotación no está dedicada, sin embargo, a ninguna de las tres. Bastante son encumbradas ya por las listas de las mejores, por la prensa, por la televisión, por los críticos... Por el contrario, dedico este post a otra película que no aparece en la lista de las 50 de Sight&Sound y sin embargo comparte tema y casi tratamiento con la mencionada Tokyo Story, y yo diría que está al mismo nivel de calidad. Es una de las grandes olvidadas en las listas de las mejores películas.

La película de hoy: Dejad paso al mañana
Título original: Make Way for Tomorrow
Director: Leo McCarey
Año: 1937
IMDB: más información

Victor Moore y Beulah Bondi en Make Way for Tomorrow (Leo McCarey, 1937)

Algunas frases:

Pa — You know, I sometimes think that children should never grow past the age when you have to tuck them into bed every night.
Max Rubens — That's right. When they get older, and you can't give them as much as other children, they're ashamed of you, and when you give them everything and put them through college... [Cruzando los brazos] they're ashamed of you.


Pa — Fifty years go by pretty fast.
Sr. Horton, Administrador del hotel — Only when you're happy. How many children have you?
Pa — Five of them.
Sr. Horton, Administrador del hotel — Really! I'll bet they've brought you a lot of pleasure!
Pa — [Con ironía] I bet you haven't any children.

Etiquetas:


sábado, octubre 06, 2012

 

Añisclo desde San Vicenda

La zona de San Vicenda es un estupendo mirador del Cañón de Añisclo y además se puede hacer en plan paseo-matinal-dominguero-sin-despeinarse-ni-sudar. Tiene estupendas vistas hacia el sur, que permiten ver los cortados de los Sestrales y el Mondoto encajonando la zona del Cañón más cercana a San Úrbez; hacia el oeste, para ver el Barranco de la Pardina; y también la parte final hacia el norte, hasta el Collado de Añisclo, con una buena vista de la Cascada de Fuenblanca en las paredes del Mallo Oscuro (desde abajo lo vimos hace ya cinco años).

Hacia el sur, Sestrales a la izquierda y Mondoto a la derecha

Zona media, más o menos sobre la Ripareta

Hacia el norte, se puede ver la Cascada de Fuenblanca

Toma más abierta: el Cañón, Las Tres Sorores y el Collado de Añisclo
(fotos: Javifields, clic para ampliar)



Etiquetas: ,


lunes, octubre 01, 2012

 

Barranco d'Aso

O barranco d'Aso, tamién dito barranco de Guampe en o suyo corso superior, ye un barranco d'o Quinyón de Fanlo que naixe d'o puesto d'a Femalleta de Sant Pelai, en a versant d'a sierra d'as Cutas en a par de Fanlo y Buisán, y baixa per es endreitos d'a Fondizualla y o Ciércol (baixo de Nerín) y dimpués per a collata de Castellar (baixo de Sercué) ta rematar dixando las suyas auguas en o Bellós, d'o qualo en ye o primer afluyent considerable, en o Molín d'Aso.

En a cuenca d'o barranco se troba, a man d'o naixedor suyo, a Ermita de Sant Pelai, y per baixo de tot, a redols d'a suya desembocadura, un antigo puent en o camín que enfila ta Sercué, en as buegas exteriors d'o Parque Nacional d'Ordesa y d'as Tres Serols.

 
 
Asinas baixaba d'augua o barranco d'Aso o sabado pasau
(texto: Biquipedia; fotos: Javifields; fer clic ta aumentar)

Etiquetas: ,


viernes, agosto 24, 2012

 

Microrrelatos: Un viento multicolor

Noël propone en su facebook:
‎"Un viento multicolor azotaba sus pensamientos..." ¿Cómo seguiría un relato que empieza así?
Aquí va mi propuesta:
Un viento multicolor azotaba sus pensamientos. Eran los reflejos de los cientos de luces de neón de Las Vegas Strip, al otro lado del cristal de la ventana de su habitación en el Hotel Casino Flamingo.
Por una vez, Maude había aceptado acompañar a Henry en su escapada mensual al Flamingo, donde la economía familiar se desangraba desde hacía ya dos años, y con los ahorros, se esfumaban también las esperanzas de Maude de recuperar al hombre que había conocido tiempo atrás. 
Antes de salir de la habitación, miró por última vez la cara de Henry. Por un raro pudor ajeno, cubrió con una sábana el mango del picahielos que sobresalía de su pecho, a la altura del corazón, y salió dando un portazo. 
Ya en la calle, el cálido viento de Nevada le hizo sentirse renacer, tras tirar los guantes de latex al contenedor de basura de la esquina con la Avenida Sands.


Etiquetas: ,


lunes, agosto 13, 2012

 

Microrrelatos: Una víctima de la publicidad


Una víctima de la publicidad
Émile Zola
Conocí a un chico, muerto el año pasado, cuya vida fue un prolongado martirio. Desde que tuvo uso de razón, Claude se hizo este razonamiento: «El plan de mi existencia está trazado. No tengo más que aceptar las ventajas de mi tiempo. Para marchar con el progreso y vivir totalmente feliz, me bastará con leer los periódicos y los carteles publicitarios, mañana y tarde, y hacer exactamente lo que esos soberanos guías me aconsejen. En ello radica la verdadera sabiduría, la única felicidad posible.» Desde entonces, Claude adoptó los anuncios de los periódicos y de los carteles como código vital. Éstos se convirtieron en el guía infalible que le ayudaba a decidirlo todo; no compró nada, no emprendió nada que no le hubiera sido recomendado por la voz de la publicidad. Así fue como el desventurado vivió en un auténtico infierno.
Claude adquirió un terreno formado por tierras de aluvión donde sólo pudo construir sobre pilotes. La casa, construida según un sistema novedoso, temblaba cuando hacía viento y se desmoronaba con las lluvias tormentosas. En su interior, las chimeneas, provistas de ingeniosos sistemas fumívoros, humeaban hasta asfixiar a la gente; los timbres eléctricos se obstinaban en guardar silencio; los retretes, instalados según un modelo excelente, se habían convertido en horribles cloacas; los muebles, que debían obedecer a mecanismos particulares, se negaban a abrirse y cerrarse.
Tenía sobre todo un piano que no era sino un mal organillo y una caja fuerte inviolable e incombustible que los ladrones se llevaron tranquilamente a la espalda una hermosa noche invernal.
El infortunado Claude no sufría sólo en sus propiedades sino también en su persona: La ropa se le rompía en plena calle. La compraba en esos establecimientos que anuncian una rebaja considerable por liquidación total. Un día me lo encontré completamente calvo. Siempre guiado por su amor al progreso, se le había ocurrido cambiar su cabello rubio por otro moreno. El agua que acababa de usar había hecho que se le cayera todo el pelo rubio, y él estaba encantado porque —según decía— ahora podría usar cierta pomada que, con toda seguridad, le proporcionaría un cabello negro dos veces más espeso que su antiguo pelo rubio.
No hablaré de todos los potingues que se tomó. Era robusto pero se quedó escuálido y sin aliento. Fue entonces cuando la publicidad empezó a asesinarlo. Se creyó enfermo y se automedicó según las excelentes recetas de los anuncios y, para que la medicación fuera más efectiva siguió todos los tratamientos a la vez, hallándose confuso ante la idéntica cantidad de elogios que cada producto recibía.
La publicidad tampoco respetó su inteligencia. Llenó su biblioteca con libros que los periódicos recomendaban. La clasificación que adoptó fue de lo más ingeniosa: ordenó los volúmenes por orden de mérito, según el mayor o menor lirismo de los artículos pagados por los editores. Allí se amontonaron todas las bobadas y todas las infamias contemporáneas. Jamás se vio un montón de ignominias semejante. Y además, Claude había tenido el detalle de pegar en el lomo de cada volumen el anuncio que se lo había hecho comprar. Así, cuando abría un libro, sabía por adelantado el entusiasmo que debía manifestar; reía o lloraba según la fórmula. Con ese régimen, llegó a ser completamente idiota.
El último acto de este drama fue lastimoso. Tras haber leído que había una sonámbula que curaba todos los males, Claude se apresuró a ir a consultarla acerca de las enfermedades que no tenía. La sonámbula le propuso obsequiosamente la posibilidad de rejuvenecerlo indicándole la forma para no tener más de dieciséis años. Se trataba simplemente de darse un baño y de beber determinada agua. Se tragó el agua, se metió en el baño y se rejuveneció en él de tal manera que, al cabo de media hora, lo encontraron asfixiado.
Claude fue víctima de la publicidad hasta después de muerto. Según su testamento, había querido ser enterrado en un ataúd de embalsamamiento instantáneo cuya patente acababa de obtener un droguero. En el cementerio, el ataúd se abrió en dos, y el miserable cadáver cayó al barro donde tuvo que ser enterrado revuelto con las planchas rotas de la caja. Su tumba, hecha de cartón piedra y en imitación de mármol, empapada por las lluvias del primer invierno, no fue pronto nada más que un montón de podredumbre sin nombre.

Etiquetas: ,