martes, marzo 17, 2009

 

Raquetear

No sé a quién se le ocurriría esto de raquetear. Seguramente algún aficionado al tenis en verano y a la montaña en invierno. Supongo que harto de hundirse hasta la rodilla, o más, al andar por nieve virgen tendría una iluminación, se acordaría de su raqueta de tenis y se diría ¡qué demonios! ¿por qué no?

Lo único que sabemos o podemos imaginar del inventor de las raquetas de nieve es que su talla de pie sería inferior a un 46. Porque si no, ¿para qué iba a necesitar ponerse las raquetas en los pies? Directamente se hubiese pintado el dibujo en la suela de los zapatos y una marca de ataduras por el empeine y tira millas.

Así que ya sabemos algo más, debía ser un aficionado al tenis con talla de zapatos menor al 46 y que, por tanto, no dormía de pie.

Y desde entonces no es difícil encontrar seguidores de este nuevo "deporte" por el monte en invierno, andando como patos escocidos. Porque, por decirlo educadamente, cuando vas con raquetas en los pies tienes un andar poco elegante.

Y si andas cuesta abajo y la nieve está algo dura la de aquel, pero si andas cuesta arriba y la nieve está blanda entonces cada paso que das es un esfuerzo no despreciable: sacar el pie de atras del fondo del agujero en que se ha metido, llevándote unos gramos de nieve encima de la raqueta, levantarlo hacia adelante sin darte con la raqueta en la otra pierna, que está medio enterrada en la nieve, apoyar de nuevo el pie, que se hunde otra vez un palmo o más, y repetir la misma operación con el otro pie, y así hasta que los pulmones dicen basta.

Por suerte la bajada es más llevadera, sobre todo si vuelves por el mismo camino y puedes aprovechar la huella creada en la subida. En ese caso puede considerarse un paseo. En ambos casos, subida o bajada, recomiendo ponerse en la cola del pelotón para andar sobre nieve pisada. La vieja excusa de "me gusta ir con los más débiles para animarles" o esa otra de "voy parándome para hacer fotos" sirve perfectamente para justificarse ante el grupo.

En fin, no me quejo. No quiero ni pensar cómo sería esto de raquetear si el inventor hubiese sido no un aficionado al tenis sino, por ejemplo, un jugador de bolos (imagínate con una bola negra superpesada atada a cada pie).

Raqueteando entre Fanlo y Punta Rayuala
(foto: Javifields, clic para ampliar)

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comentarios:
Uno que yo me sé, en una gloriosa subida hacia los picos del infierno, al verse adelantado por todo el resto de la expedición, proclamó todo sudoroso y jadeante: "que no estoy cansado, que estoy mirando el paisaje".

Todo esto, claro, dicho mientras sus ojos apuntaban a un único lugar: el suelo.
 
Que foto tan magnífica. Lo que mas me ha sorprendido es ver una loba a la derecha de la imagen. ¡Que pasada!
 
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